En el marco de la pandemia la medida preventiva del aislamiento social obligatorio mantiene a todas las familias en casa, lo que significa un corte abrupto en las rutinas cotidianas.

Las personas adultas deben continuar cumpliendo jornadas laborales desde sus hogares y, a su vez, estar disponible para sus hijos e hijas. Se es padre y/o madre y docente a la vez.

Los niñosas son quienes poseen una mayor plasticidad que les permite adaptarse más fácilmente a los cambios. Sin embargo, el cambio que significa no poder salir del hogar a desarrollar actividades como la escolaridad, la socialización con pares, actividades deportivas o recreativas se constituyen como una situación anómala que podría funcionar como estresor y generar la aparición de sentimientos como ansiedad y angustia.

Es esperable que los niños se encuentren más irritables o aumenten los conflictos entre hermanos. ¿Cómo podemos hacer entonces para ayudarlos a transitar esta situación atípica?

Es importante sostener rutinas, poseer horarios para actividades tales como la alimentación, el sueño, la realización de tareas escolares o el uso de pantallas; esta pauta ayuda a disminuir la ansiedad. Generar espacios de actividad física en casa, la propuesta tiene que ser presentada de manera lúdica y con una duración aproximada de entre 30 y 40 minutos. Un ejemplo puede ser copiar coreografías de videos virales. Acompañarlos en las tareas escolares, escuchando sus inquietudes y dificultades.

Es fundamental fomentar el diálogo, ayudar a los niños a expresar sus emociones. Comprender los comportamientos realizando preguntas abiertas, no juzgar sus conductas, remarcar el buen comportamiento y destacar las características positivas. Esto ayuda a fomentar la seguridad del niño/a para que puedan adquirir capacidad de resolución de conflictos.

También sostener la socialización de los niños y niñas utilizando la tecnología para que puedan ver que tanto a aquellos familiares significativos como abuelos y primos, como así también si sus amigos se encuentran bien y en sus casas. Establecer acuerdos: es más fácil cumplir reglas si son partícipes de su armado.

Brindar tiempo de calidad (no es la cantidad lo que importa). Esto implica crear espacios de intercambio, juegos, recreaciones, actividades placenteras, de encuentro entre niños/as y adultos/as.

Darles responsabilidades acordes a la edad, fomentar la colaboración. Sostener rutinas ordenadas y anticipar cuando habrá modificaciones en ella, esto permitirá disminuir los niveles de ansiedad en los niños.

Por último, es bueno remarcarles que esta situación atípica es temporal y que cuando sea posible se retornará a la dinámica habitual y conocida.

Sandra Zimmermann
Titular de la Conducción Ejecutiva de Emergencia y Contención Psicosocial